En el nombre del padre ya llegó
su fiesta.
(Texto y fotos de Maria Di Paola Blum)
En el nombre del padre, del hijo y del espíritu
santo: así nuestra cultura milenaria ha celebrado, respectado,
venerado, traicionado, querido, matado y honrado “el padre”.
Históricamente hablando, la figura paterna desde nuestros antecesores
ha sido y es: el principio. Si no hay padre, no hay familia. Que guste
o no, hasta la fecha es con el, que empieza la familia. No hay caballos
marinos entre los humanos para la auto fecundación como en
el caso del distinguido pescadito que todo lo hace solo, sin ocupar
el sexo femenino. Sea el hombre o el macho en ambos casos se vuelve
padre con una mujer a lado. Lo triste es que a veces se vuelve padre
por distracción y otras por convicción.
En la mayor parte de las culturas alrededor de nuestro planeta, las
sociedades han sido patriarcales excepto unas raras excepciones.
Además de ser el jefe de la familia, ha sido el guía,
la cabeza de su clan, tribu, grupo, imperio, reinado dependiendo del
tipo de sociedad a la cual ha dado inicio.
Se hacía referencia a el, como el que proveía territorio,
por ejemplo: donde vivir. También era el que traía la
comida y tocando el tema de la seguridad (hoy muy de moda en la boca
de lo mas importantes jefes de estados de nuestro mundo moderno) el
que mataba o mandaba a matar (dependiendo de su estatus, mas o menos
noble) quien atentaba contra el y sus queridos. Podría definirse
con un poco de respecto: el jefe, con un poco de desprecio “tardo-feminista”:
el gallo, con vergonzoso cinismo: el que paga las cuentas, con un
poco de afecto, el padre, con mucho y infinito amor: el “papi”.
Y bienvenida sea su fiesta.
Representaba la autoridad. Se le veía poco en la casa.
Su escala de valor heredada de padre en hijo era: familia, trabajo,
amigos y finalmente regreso al hogar. Ahí donde siempre reinó
sola la mujer: esposa y madre sin excepción. Educado al hacer,
producir y crear. Hasta nuestros días el modelo se repite con
ligeros cambios y ajustes: por ejemplo el papá ya comparte
con la mamá muchas de esas ancestrales responsabilidades como
la creación de bienes materiales, las fortunas o las derrotas,
los éxitos o los fracasos.
El papá ha aprendido a torear el silencioso poder que avanza:
el de la esposa, la madre, la mujer o simplemente la compañera
de tantas batallas. Sin embargo el hombre, el padre o el cariñoso
papá, por su naturaleza hasta la fecha han demostrado de poder
sobrevivir entre tantas contestaciones de rol, porque pueden contar
con unos aliados que nosotras las mujeres, las mamas todavía
no hemos logrados: las amistades entre nosotras mismas.
Al fin el hombre, el macho y el querido papi se salen con la suya
porque no importa a cual escalón de la sociedad pertenece alto
o bajo que sea su rango, siempre cuentan con sus amigos para desahogarse
compartiendo una cerveza, una plática o un partido de fútbol.
Así que este día que se destinó para el festejo
del más antiguo rol que nunca ha dejado de pertenecerle: “El
padre” hay que hacerlo bien. Aquí en la hermosa ribera
de Chapala entre maravillosos árboles de Lluvia de oro y Tabachines
que con su tinte de oro y rojo le dan todavía más solemnidad
a este día. Sugerimos probar a pasearse en kayak por el lago,
ahora que en el malecón de Chapala se organizaron para rentárselo,
o relajarse con una deliciosa comida frente al lago entre palmas y
bouganvilleas en el restaurante de La Nueva Posada o hacer un moderado
y saludable ejercicio jugando en el club de golf Chula Vista o en
la blanca playa de arena del Pacifico en el andador de Chapala.