Isidro Xilonchtl, parece hippy pero piensa
y pinta en grande
(texto y foto de Maria Di Paola Blum)
Su nombre Xilonzochitl viene del náhuatl se
trata de un apellido compuesto por dos palabras: Xilo que quiere decir
maíz tierno y xochitl que esta por flor. Su nombre náhuatl
de lo cual es indudablemente orgulloso significa: flor de maíz
tierno, tiene origen de la peregrinación que salió de
la antigua ciudad de Aztlan rumbo a Teotihuacan (ciudad de México).
Proviene entonces de una comunidad indígena que se quedó
a fundar San Juan Cósala, el pueblo donde nació y radica.
Quedó huérfano a los 6 años, su papá lo
encontraron en el lago y es el segundo de cinco hermanos. Su hermano
mayor Gregorio y su hermana Cecilia fueron lo que le costearon la
carrera.
Desde sus primeras experiencias con el color, cuando apenas tenía
10 años y su hermano se lo llevaba para ayudarlo en su chamba
de decorador de casas y escuelas supo que esa iba a ser su carrera.
Su primera maestra venía de la Academia San Carlos del Distrito
Federal, era una amiga de su mamá: Roxana Sapiens, con ella
estudió por tres años en su casa. Isidro tenía
12 años y ahí se enteró de los acrílicos,
los oleos, los pinceles, los lienzos etc. aprendió mucho acerca
de Eleonora Carringhton y Remedio Varo (contemporánea y ya
clásica del surrealismo mexicano que aun siendo extranjeras
adoptaron México para vivir).
Isidro pero como artista tuvo que salirse de la comunidad y establecerse
por un cierto tiempo a Guadalajara donde la gloriosa UDG de la época
relucía la mejor opción para el estudio de artes plástica.
Entre sus profesores recuerda los mas populares de su generación,
la del ’83: Miguel Ángel Medina Orozco, Jorge Navarro,
Tijelino, Caracalla, Salvador Chávez y Sergio Murillo, Fue
el año en que se jubiló el escultor Miguel Ángel
Miramontes y debido al echo que tenía su taller en la escuela
pudo frecuentarlo y conocerlo.
A Isidro de todas forma no le gusta estar encasillado en un genero
porque el es el primero en sorprenderse de su trabajo. Es libre y
abierto: todo se vale en el arte. Ahora por ejemplo usa los pinceles
solo para los detalles lo demás lo hace con segueta y espátulas
grande como la que utilizan los albañiles. Los temas, a veces
surgen de las pláticas con sus amigos otras son el fruto de
su sufrimiento y admite, poniendo la sonrisa a un lado que si deja
de sentir ardor en el estomago cuando ve una mujer es la señal
que se acabó la poesía.
Pinta de noche con luz artificial, después de las tres de la
noche y va adelante hasta el amanecer. Con la luz natural del día
lee, medita, reflexiona, encuentra sus amigos, ve a sus hijos crecer.
Admira mucho la obra de los impresionistas tipo Van Gogh, Cézanne,
Gauguin y de sus paisanos en especial: Siqueiros, Francisco Toledo
y Rufino Tamayo de este ultimo se acuerda una magistral conferencia
que dio a la UDG cuando todavía era estudiante, quizá
uno de los momentos mas formativo de su entera carrera académica.
Hoy en día se cultiva viendo buen cine, la ultima película
que le gustó fue: “El violín”, escuchando
música tradicional mexicana como la hacen Oscar Chávez,
Chabela Vargas, José Alfredo, Cuco Sánchez y Xavier
Solis y rock argentino y español. Escucha radio universidad
y JB son sus estaciones favoritas por su buen nivel de programas culturales.
Advierte en esa época de grandes conflictos y alta tecnología
un acercamiento del hombre a su estado más arcaico que lo lleva
a pintar mezclando los seres humanos con los animales. Por eso utiliza
lienzo grande, mas grandes de la figura humana casi a querer representar
este deseo del hombre aniquilado en frente de tanta inteligencia artificial
a afirmar todavía su supremacía. Los atributos sexuales
exagerados en cuerpo de caballo con cabeza de macho expresan toda
la moderna impotencia humana frente a la tecnología sofisticada
que gobierna la vida y la democracia. Los bulbos eléctricos
que de repente aparecen en sus composiciones son la metáfora
de la libertad del hombre que corre el riesgo de desaparecer cada
vez que la electricidad se apaga y el sistema salta.
Parece un hippy, pero piensa. Desde hace 4 años regresó
a vivir a San Juan Cósala en la calle Hidalgo, 12 ahí
esta su “Cueva” casa y taller.