L’erotismo a 80 años
según el escultor Miguel Miramontes
(Texto y foto de MARIA DI PAOLA BLUM publicado en el N.69 de la
revista MUJERES)
AJIJIC, Jal. Es la primera vez que el Maestro Miguel
Miramontes expone en el Centro Cultural González Gallo en
Chapala, Jalisco y no porque no lo hayan invitado sencillamente
porque es coqueto por naturaleza y tuvieron que invitarlo muchas
veces hasta que a la vigilia de sus 86mo cumpleaños se decidiera
a dar un “Si”. La verdad, la exposición es toda
una sorpresa. Rodeado de amigos y autoridades vestidos con corbatas
y sacos oscuro, el maestro pensó que era mejor dejar este
viejo accesorio en su recamara y dejó abierto los primeros
tres botones de su camisa, se peinó su largo pelo blanco
y brillante y por si fuera poco escojo un saco color mamey que recordaba
mucho a Michael Serrault en la famosa película, “La
cage aux folle” con un pequeño detalle con las mancuernillas
que compartían el color alegre de su saco. Íbamos
caminando junto por la calle cuando dos americanos se le acercan
a preguntarle ávidas y curiosas si yo era su esposa, el maestro
se sonrió y me miró con aire cómplice y dice:
“¿Ya viste como me chulean?”…Así
que mejor decido detenerme a ver la obra y entender porque lo percibo
diferente, en eso me socorrió su esposa, también escultora
pero de pequeña figura y en un dos por tres aclara el misterio.
Las piezas que se exhibieron no fueron realizadas por petición
de nadie, fue simplemente el fruto de su orgásmico placer
de crear. Porque el maestro en verdad una cosa detesta: la muerte
pero no aquella física que viene, te abraza y te pasea a
otro lado, si no aquella muerte que respira, el aliento de quien
ya no tiene gana ni inspiración para crear, la ausencia de
pasión y amor. El agradece a Dios porque le regaló
tres esposas, un cierto numero de hijos y el amor y la pasión
por lo que el hace. Es feliz porque es escultor y no quiere ser
otra cosa. Las estatuas que se exhibieron en estos meses, admite
que la hizo por el puro gusto suyo y por eso no tienen nada que
ver con los rígidos personajes con la mirada seria que estuvieron
en cada esquina de Guadalajara y finalmente a sus 86 años
se quiso quitar el gusto de enseñarlas. Relajado y contento
de recibir tanta atención por el publico presente.