Regresa a Ajijic, después de 8 años el escultor Daniel
Palma con sus obras maestras de piedras lajas y hierro forjado.
(Texto y foto de: Maria Di Paola Blum)
Eran ya 8 años que el escultor Daniel Palma,
famoso por sus estatuas móviles nos se exhibía en su
pueblo natal: Ajijic. Ahora finalmente presenta en el Centro Cultural
de Ajijic bajo la dirección de Alejandro Martinez sus últimas
obras.
Es muy interesante enterarse que Daniel Palma antes de ser escultor
fue pintor en su infancia en la famosa escuela que montó Niel
James en los años ’70 con la ayuda de la maestra Adelita
que todo el pueblo recuerda por su entereza y honestidad. El mismo
Daniel Palma cuenta que por casi 10 años la maestra iba a su
casa para darle los pesitos que se recaudaban de la venta de sus tarjetas
pintadas a mano. Pero de grande estudió y se graduó
en psicología en la universidad UNIVA de Guadalajara. Empezó
a ejercer su trabajo en la ribera. En esa época, cuenta, no
solamente los locos iban con el psicólogo si no que también
mucha gente baja en defensas emocionales y con problemas de grave
estrés. Fue justamente para bajarle la presión del estrés
a sus pacientes que empezó a construir artefactos que invitaban
al paciente a tocar el objeto y causar que se moviera para relajarlos.
Con las manos siempre había sido hábil, su papá
albañil antes de mandarlo a la universidad le pasó su
oficio y su mamá el talento artístico ya que nunca dejó
de pintar paisajes en su casa sin alguna otra ambición que
la del hogar. El taller de mecánico de su hermano fue y queda
hasta la fecha su laboratorio. Ahí las viejas maquinas de coser
encuentran alas y se quedan clavadas a una mesa. Las planchas sonríen
y las piedras de lajas se vuelven sillas sobre patas de animales o
cuerpos de avestruz que un ligero movimiento de la mano hace mover
adelante y atrás. Daniel Palma tiene 47 años y en el
cuarto de siglo que se ha dedicado al arte hay que recordar tres etapas
fundamentales que siguen la ley del siete, una primera en que todas
sus creaciones eran móviles e invitaban a causar el movimiento,
luego siguió un periodo de reacción al hecho que por
todos lados le andaban copiando su mundo animal de piedra y hierro
forjado. Se dio cuenta sea él que las galerías de Puerto
Vallarta y el DF que lo representaban que realmente no había
mucho que hacer. Trató de afinar más su pieza prolongando
el movimiento y creando una serie de bebederos que si se movían
pero cuando los pajaritos se acercaban para tomar agua. En esa época
el hombre ya no era invitado a tocar para causar el movimiento si
no que sencillamente a observar… a los pajaritos tomar agua.
La tercera época es reciente se trata de sus enormes sillas
con grandes piedras lajas. Las americanas en Puerto Vallarta primero
las miran luego la tocan porque la piedra es bien lijada por el agua
entonces le preguntan: “May I try it?” (“¿Las
puedo probar?) y Daniel le contesta: “Try it” (“Pruébela”).
Si es cierto que cada siete años cambia su piel artística,
me pregunto a que nos invitará el escultor Daniel Palma, cuando
tendrá 55 años. Hay que esperar con la mente abierta
y una dosis de sana curiosidad después de todo nunca dejó
de ser psicólogo, muy hábil con sus manos.