ONCE VESTIDOS ARMANI Y UN VIEJO
SARAPE MEXICANO
(Maria Di Paola Blum)
Ella no es Alicia. Es Serena y su esposo no es Woody
Allen, pero ella tiene algo en común con ellos. Se divorció
de su acaudalado esposo, un respetadísimo médico, después
de 25 años a su lado como enfermera y partner, trabajando duro
día con día entre emergencias, enfermedades, indiferencia
y situaciónes dolorosas.
Ahora llegó su turno. Sus hijos ya no la necesitan. Se casaron
y ya la hicieron abuela. Ella y su esposo ya no tienen tanto en común
para compartir, así que continúan como viejos amigos
se sonrieron el uno al otro y se tomaron rutas distintas.
Ella no utilizó una agencia de bienes raíces para vender
la casa en Naples, Florida, donde vivió como perfecta pareja.
Simplemente habló con sus vecinos y les comentó sobre
el fin de su matrimonio.y su decisión de vender la casa. El
marido y la nostalgia no fueron incluidos en el precio. Para los vecinos
el marido era más valioso por su prestigio, por supuesto, y
su ausencia rompería el equilibrio social de tan exclusiva
zona residencial. La noche en que anunció la venta de su casa
el teléfono sonó mucho y en 48 horas los vecinos encontraron
otra prominente pareja para ocupar la residencia.
Un círculo en la vida de Serena se cerraba. Ella vació
sus closets, y le regaló a su hermana once vestidos Armani
y otros trajes que obtuvo mientras se entretenía modelando
para el grande Giorgio, en los '80s'. La incursión en el campo
del modelaje resultó también algo natural en su vida.
Sucedió espontaneamente cuando conoció a un represtante
del Sr. Armani en Nueva York quien le comentó que a ella le
resultaría simplemente natural modelar los vestidos de moda
de Armani. El no buscaba una muñeca artificial o falsa, para
mostrar sus creaciones, sino una mujer real con los problemas de cada
día y con un auténtico sentido de la vida: allí
estaba ella, perfecta para sus designios.
Una vez más ella dejó escurrir esta parte de su vida
como una serpiente deja su piel. Llenó su auto con algunos
buenos libros para leer, un tapete para yoga, algunos vestidos cómodos,
faldas y camisetas. Nada de zapatos Ferragamo, sólo un enorme
sombrero para el sol, lentes obscuros, seguro para el auto y mapas
del AAA. Así es como emprendió su viaje a México.
Ajijic era el lugar donde algunos de sus amigos de Florida vivían.
Apenas llegar a su destino rentó una casita en el corazón
del pueblo, y se enamoró de la intensidad de los colores del
jardín y sus paredes. Aquellos pequeños mosaicos en
los baños y en la cocina le parecían maravillosos! Sin
embargo después de algunas semanas descubrió que el
México real no estaba allí. Le vino como un shock al
ver tantos extranjeros a su alrededor.
Fué entónces cuando tomó la decisión de
mudarse a San Nicolas, un pueblito, casi un caserío alejado
de todo y cerca del lago. Llegó a su nuevo destino en los primeros
días de Diciembre, en la fiesta del Santo patrono del lugar.
Una viejecita, envuelta en un viejo sarape (un auténtico reboso
tejido a mano) la invitó inmediatamente a unirse a la procesión.
Y más tarde le invitó a beber un tarro de atole. Era
una noche fría. Otra viejecita con una sonrisa enorme y calurosa,
la llevó a la iglesia con los paisanos. No hablaban inglés,
y ella no hablaba español. Por ser Serena una dama y sola,
sobre todo, fue recibida cordialmente en la comunidad.Despues de todo
hiba a ser parte del vecindario ahora. Enseguida le ofrecieron tamales
y sopes con frijoles y papas para comer.
A los pocos días llamó a su hermana a USA, y le contó
sobre su dulce nueva casa de adobe ambas eran felices porque los vestidos
Armani le quedaban al dedillo a su hermana. Y por lo que se refiere
al viejo sarápe que Serena recibió como caluroso regalo
de bienvenida en su primera noche en el pueblo, ella se podía
envolver perfectamente en el como un gatito con otra vida por vivir.
Después de todo no estamos en Nueva York, estamos en México.
Y ella ño es Alicia en la 5th Avenida. Ella es simplemente
Serena quien vive ahora felizmente aquí.